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EN RECUERDO DEL 11 DE MARZO Y DE TODAS LAS VICTIMAS DEL TERRORISMO

Cuando veo por televisión las conmemoraciones del 11M, los atentados de Paris, los últimos de Bruselas, se me ponen los pelos como escarpias,y me vienen a la memoria recuerdos, guardados en un rincón de mi cerebro, que hoy me vuelven a resurgir y que no he podido, con el paso del tiempo, olvidar.

Esa mañana gris de marzo, no se por qué, me levante más temprano de lo habitual y acudí como siempre al trabajo, me puse el uniforme blanco y subí al reten para fichar. En ese momento me mandaron bajar inmediatamente a la urgencia, pues mis jefes creían que había habido un atentado. No me asusté, ya había atendido otros, como aquella vez que a tres policías les estalló una bomba”. Entré deprisa en la unidad, miscompañeros del turno de noche estaban ya desviando todos los pacientes a las plantas, para dejar toda la Urgencia despejada y así poder recibir a los heridos. Acudí a mi puesto me puse los guantes y espere en la puerta los acontecimientos, acompañado como siempre de mis habituales compañeros.

El silencio se rompió de pronto por los incesantes y diferentes ruidos de sirenas. Los primeros en llegar fueron los policías municipales que en sus furgonetas traían a los heridos (en los bancos rojos de hierro del apeadero del tren usados como improvisadas camillas), los pasábamos a las camas y rápidamente los metíamos en los boxes para que los médicos los diagnosticaran, una doctora de medicina interna salió con nosotros a la puerta para clasificar los heridos, los intensivistas esperaban detrás para pasar a la U.V.I a los más graves, todo el personal del hospital se volcó en ayudar. No había protocolo pero si una gran colaboración, cada uno sabía muy bien cual era su trabajo, fuimos pasando gente herida, hombres, mujeres y niños, abríamos la puertas de las ambulancias, los coches policiales, los taxis, vehículos particulares, y seguíamos descargando heridos sin parar.

El hedor y el olor a pólvora, a carne quemada y sangre, nos invadió de repente, se hacia irrespirable. Todo el suelo estaba mojado, gris y sucio, miré  y vi mi uniforme también sucio y lleno de sangre, pero tenia que continuar, el tiempo corría muy deprisa, las ambulancias seguían entrando, Abrí el portón de una de ellas y dentro estaba una madre y una niña ensangrentadas, intenté  coger primero a la niña, pero la madre con ese instinto maternal no la soltaba. Me quede trabado no sabia que hacer, otro compañero detrás de mi me echo a un lado y cogió a la niña con rapidez. Por un segundo me quede conmocionado, pensé, “debes de continuar no te derrumbes ahora”, seguí y seguí, sacando heridos, cada vez de menor gravedad hasta que sobre las doce del mediodía, dejaron  de venir heridos…un nuevo silencio nos invadió, mis compañeros y yo nos sentamos un momento a descansar en nuestro cuarto de celadores mirándonos, pero sin articular palabra, habíamos cumplido.

Sobre la 3 de la tarde me encontré con mi mujer en el pasillo de los vestuarios, la abrace, y llore como un niño.

El terrorismo es terrorismo, venga de donde venga, no es ningún movimiento político, como algunos nos dicen ahora, para suavizar un poco el tema. Estamos sin darnos cuenta en la tercera guerra mundial, con la paradoja de tener el enemigo en casa, matando civiles a diestro y siniestro en nuestras ciudades más emblemáticas, implantándonos un autentico terror sobre la población. Nosotros mismos hemos creado este monstruo y no pusimos los medios para atajarlo. Como siempre la vieja Europa va tarde….

Desde estas humildes páginas, sin acritud ni rencor, le digo a ustedes, bien sean terroristas islamistas,separatistas,….., y a los que piensan como ustedes, como decía aquel anarquista escritor, actor y director Fernando Fernán Gómez cuando le increpaban:

“VÁYANSE A LA MIERDA”